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The Alhambra - A Journey Through Time | Un Viaje a Través del Tiempo: La Alhambra de Granada

Updated: Oct 16, 2018

Author Anna Gilbertson / Translator Ana Rueda Nolan / Language Spanish



A fortress built from the red clay which gave it its name. “Qa’lat al-Hamra”, the Arabic for red castle, today known as the Alhambra, now has a second meaning: an iconic monument with an incredible tale of siege, conquest and occupation.

Its story began during Muslim rule of Spain, or as it was known, Al-Andalus. Though a mere tower, from its position on a hilltop overlooking Granada, it defended the city and protected rebels during the civil wars that ravaged the Caliphate of Cordoba to which Granada belonged. In the 9th century, the Alhambra became part of the city, protecting it from the frequent invasions from rivalling Muslim dynasties from Africa.

This was to change in 1238, when Al- Hamar, the founder of the Nasrid dynasty which would rule for 2 and a half centuries, chose the now ruined Alhambra as his royal residence. He reinforced the original fortress of the Alcazaba, added the Watch Tower and the Keep, built warehouses and deposits and directed water from the river Darro, which runs through the city, making the Alhambra a palace, fortress, citadel and residence for both soldiers and courtiers. Al Ahmar’s son Mohammed continued his father’s work, adding public baths and, due to peaceful relations with the Christian monarchs in the neighbouring kingdom of Castile, a mosque, while his descendants designed the reception rooms and patios typical of a Muslim palace.

The reign of the Nasrid dynasty in the 13th, 14th and 15th centuries saw the expansion of the city of Granada and with it, the Alhambra. The Christian conquest of the Spanish peninsula slowly gathered momentum, taking the cities of Cordoba, Seville, Valencia, Ronda and Malaga and pushing the displaced Muslims south towards their last remaining stronghold: Granada. New districts were built in the city to accommodate this influx of refugees and the walled defences of the Alhambra strengthened up until 1492, when Granada was conquered by the Catholic Monarchs: Isabella of Castile and Ferdinand of Aragon.

Now under Christian rule, the Alhambra became a Christian court and although the Moorish craftsmen employed to restore it changed very little, it was clear that it no longer belonged to the Muslims. A Catholic Church and Franciscan monastery replaced the mosque and a Moorish palace while new military quarters and residences were built to house soldiers and important citizens. Nevertheless, the affection the monarchs had for Granada and the Alhambra is undeniable as, after their deaths, the Alhambra served as a temporary tomb before their bodies were moved to their final resting place in the Royal Chapel at the centre of Granada.

During the reign of Charles I of Spain, grandson of the Catholic Monarchs and Holy Roman Emperor: the ruler of what is now Germany, Italy, Bohemia and Burgundy, the Alhambra increasingly reflected the Western world to which it now belonged. The interior of rooms such as “El peinador de la reina”, the residence of Charles’ wife Isabella, were decorated in the renaissance style while, for his royal residence in Granada, Charles chose to knock down part of the Alhambra and build a new Italianate palace in its place. However, this act sparked such controversy amongst the population that no such changes were made by his son Philip II and his descendants who decided to preserve the Alhambra, rather than change it.

The Alhambra’s fortunes took a turn for the worse in the 18th century when the first French Bourbon monarch of Spain, Phillip V, removed the steward of the Alhambra from his post, marking the start of its decline. Over time it fell into neglect, its once grand rooms and halls becoming a refuge for beggars and the homeless.

The fight to free Spain from French occupation at the beginning of the 19th century, known as the Peninsular war, brought the Alhambra back to prominence as a military barracks for the French soldiers who occupied Granada. Their departure in 1812 almost destroyed the Alhambra, as the soldiers mined and blew up several towers including the Water Tower and La Torre de Siete Suelos.

In 1830, the Spanish monarch Ferdinand VII commissioned architect Jose Contreras to restore the Alhambra to its original glory, a work which his son and grandson continued for nearly a century. The family was greatly helped in 1870, when the Alhambra was declared a national monument. Since then, it has received praise and support from artists and writers, helping it to become Spain’s most visited tourist attraction, with visitors from all over the world coming to explore its rich and complicated past.


Un Viaje a Través del Tiempo: La Alhambra de Granada

Una fortaleza de caliza rojiza de donde deriva su nombre. “Qu’alat al- Hamra” la palabra árabe que significa “el castillo rojo”, hoy en día conocida como la Alhambra, ahora tiene otro sentido: un monumento icónico con una historia increíble de asedio, conquista y ocupación.

La historia empezó durante el reinado musulmán de España, o, como se conocía, Al-Andalus. A pesar de ser una torre sencilla, desde su posición situada en una cima sobre la ciudad de Granada, defendía la ciudad de Granada y protegía a los rebeldes durante las guerras civiles que devastaron el califato cordobés, al que pertenecía Granada. En el siglo IX, la Alhambra se incorporó a la ciudad, protegiéndola de las invasiones frecuentes de las dinastías musulmanas rivales de África.

En 1238, todo cambió cuando Al-Hamar, el fundador de la dinastía nazarí que reinó durante dos siglos y medio, decidió instalar la sede de la corte en las ruinas del castillo de la Alhambra. Reforzó la fortaleza original de la Alcazaba y construyó la Torre de Vela, la Torre del Homenaje, almacenes y depósitos y subió el agua del río Darro que todavía corre por la ciudad, para que la Alhambra se convirtiera en palacio, fortaleza, ciudadela y residencia para soldados y cortesanos. El hijo de Al-Hamar Mohammed siguió con el trabajo de su padre, construyendo los baños públicos y, a causa de las relaciones pacificas con el reino cristiano de Castilla, construyó una mezquita también, mientras que sus descendientes diseñaron las salas de recepción y los patios típicos de un palacio musulmán. Durante el reinado de la dinastía nazarí en los siglos XIII, XIV y XV, la ciudad se expandió, y junto con ella, la Alhambra.

Con la conquista de las ciudades de Córdoba, Sevilla, Valencia, Ronda y Málaga, la reconquista cristiana de la península adquirió velocidad, empujando a los musulmanes desplazados hacia el sur, a su último bastión: Granada. Para alojar a este influjo de refugiados se construyeron nuevos barrios en la ciudad y se fortalecieron las murallas de la Alhambra hasta el año 1492, cuando Granada fue conquistada por los reyes católicos: Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

Bajo el reinado cristiano, la Alhambra se convirtió en una corte cristiana y aunque los artesanos moriscos que la restauraron no cambiaron mucho, no cabía ninguna duda que ya no pertenecía a los musulmanes. Se construyó una iglesia católica y un monasterio franciscano sobre la mezquita y el palacio árabe, mientras que se edificaron cuarteles militares y estructuras nuevos para albergar a soldados y a ciudadanos prominentes.

No obstante, el cariño que los reyes sentían por Granada y la Alhambra es incuestionable, ya que después de sus muertes, la Alhambra se convirtió en una tumba temporal para ellos antes de que se trasladaran sus cadáveres a su lugar de descanso final, la Capilla Real al centro de Granada.

Durante el reinado de Carlos I de España, el nieto de los reyes católicos y el emperador cristiano: el gobernante de la actual Alemania, Italia, Bohemia y Borgoña, la Alhambra empezó a reflejar cada vez más el mundo occidental y al que ahora pertenecía.

Se adornó el interior de las habitaciones como el Peinador de la Reina, la residencia de Isabel, la esposa de Carlos, de estilo renacentista y para su residencia real, Carlos decidió a derribar parte de la Alhambra para construir un palacio italiano. Sin embargo, este acto generó tanta polémica entre la población, que los descendientes de Carlos decidieron conservar la Alhambra, en vez de cambiarla.

En el siglo XVIII la fortuna de la Alhambra empeoró cuando el primer rey borbón de España, Felipe V, destituyó al alcalde de la Alhambra de su puesto, lo que inició su declive. Con el tiempo cayó en el olvido y sus salas y patios que una vez fueron grandiosos, se convirtieron en un refugio para mendigos y vagabundos.

Gracias a la lucha para poner fin a la ocupación francesa de España a principios del siglo XIX, conocida como la guerra española de Independencia, la Alhambra volvió a ocupar una posición destacada como cuarteles militares para los soldados franceses que ocuparon Granada. Su retirada en 1812 casi destruyó la Alhambra porque los soldados minaron y destruyeron varias torres como la Torre de Agua y la Torre de Siete Suelos.

En 1830 el rey español Fernando VII ordenó una gran reparación de la fortaleza, realizada por el arquitecto José Contrera y lo continuaron su hijo y su nieto durante casi un siglo. Cuando la Alhambra se declaró monumento nacional en 1870, la familia recibió mucho apoyo y elogios. Esto la ayudó convertirse en la atracción turística más visitada de España, y los visitantes vienen de todas partes del mundo para descubrir su pasado rico y complejo.